viernes, 16 de septiembre de 2016

La falsa paz de Michoacán

CIUDAD DE MÉXICO. - En Michoacán nuevamente el crimen organizado está dominando muy a pesar del canto de las sirenas que el presidente Enrique Peña Nieto y el gobernador perredista Silvano Aureoles lanzaron con la detención de Servando Gómez La Tuta, el líder de los Caballeros Templarios. Todo fue una mentira porque detrás hubo un pacto de ambos gobiernos con el Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) y otros grupos locales del narco vestidos de autodefensas que hoy nuevamente se han entronizado con el poder de las armas y el terror.

La mentira oficial comienza con Alfredo Castillo, entonces comisionado para la Paz en Michoacán, quien fue el artífice de Peña Nieto para arrebatarle el territorio a los Caballeros Templarios mediante la utilización de las autodefensas de Tierra Caliente que se convirtieron en la mejor arma de combate, sobre todo aquellos que habían sido templarios y que se transformaron en los “arrepentidos” bajo el mando de los hermanos Uriel y Juan José Farías Álvarez, El Abuelo, ligados al CJNG.

Estos dos hermanos son clave para entender los pactos oscuros de Peña Nieto con el CJNG y que hoy tienen nuevamente a Michoacán en sus manos y sufriendo en una espiral de violencia y terror con ejecuciones, extorsiones y tráfico de drogas, principalmente metanfetaminas hacia los Estados Unidos desde el puerto de Lázaro Cárdenas.